Un día que podría haber sido normal [Original]

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Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Sfng el 13 Mar 2010 14:24

Título: Un día que podría haber sido normal
Autor: Yo misma
Avisos: bastante dura a nivel emocional, abstenerse sensiblones.
Num. de caps: 3
Sinopsis: Narra el día de una adolescente con dura situación en su vida.
Comentarios: Una historia corta que escribí hace algo menos de un año, a ver que os parece.

Capitulo 1
Capitulo 2
Capitulo 3
Última edición por Sfng el 24 Mar 2010 21:00, editado 3 veces en total
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Sfng
 
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Sfng el 13 Mar 2010 14:24

Esta es una historia que tal vez, pudiese ser que fuese real. Tal vez no. Los años y la memoria nos juegan malas pasadas y llega un momento que no sabes qué fue real, qué no lo fue o que sólo sueño o sólo pesadilla.

CITA (Una Serie de Catastróficas Desdichas)
Si estáis interesados en historias con un final feliz, será mejor que leáis otro libro. En este, no solo no hay un final feliz, sino que tampoco hay un principio feliz y muy pocos sucesos felices en medio.




Un día que podría haber sido normal



Capítulo Primero


Febrero.

Un día entre semana, un jueves tal vez. Un día que podía ser normal. Pero no lo es.

Pesadilla. Me despierto. No ha amanecido. Me calmo. Miro el reloj: 5:30 am. Falta un rato aun para la hora de levantarse. Maldigo en silencio, aun sigo viva, mal día para estarlo.
Aguardo en la oscuridad con el cuerpo relajado y la mirada perdida, como si pudiese ver algo con lo oscuro que esta.

Decido que es hora de levantarse, voy al baño, me preparo una taza de café. He puesto la TV. Miro las noticias. Un día normal, un día de desgracias varias, algo de deporte y algo cultural. Me doy una ducha. Estoy más de lo necesario, dejo que el agua caliente me relaje, seguramente sea lo único bueno del día.

Me pongo lo primero que pillo, al despiste, evito el espejo, no tengo mal aspecto lo sé, al menos eso aparento, salvo por mi mirada, tal vez. Cojo la mochila tirada en un rincón de mi habitación, no miro los libros que contiene, no importa, me la echo sobre un hombro. La cartera; compruebo que tiene mi DNI*. El móvil. Las llaves.

Salgo. Aun no han apagado las farolas. Respiro fuerte, mi aliento se ve por el frío. Me meto las manos en los bolsillos, voy hasta la parada del bus casi encorvada, queriendo hacerme un ovillito para poder evitar el puto frío. Llego a la parada, saludo con un leve movimiento de cabeza a los habituales que conozco. Mirada perdida. Procuro no pensar.
Llega el bus, me subo y pago el billete sin decir ni una palabra, el conductor me mira con mala cara. Lo ignoro. Hoy no es un buen día. Tiro mi mochila en un asiento y me siento en el de al lado.

Miro distraída por la ventana. No quiero pensar.

Llegamos después de unas cuantas paradas. Hace poco que ha amanecido y he visto como apagaban las farolas. Frío al abrir las puertas. Se me mete frío en el cuerpo, esta vez lo ignoro. Doblo la esquina, me paso mi siguiente parada de bus y decido seguir andando hasta la estación de tren. Cojo un par de periódicos gratuitos que están repartiendo. Veo gente en esa parada para el instituto, podría coger el bus aun, pero lo vuelvo a ignorar, no me apetece tener que hablar con nadie, decido ir andando.
Al rato veo como el bus me adelanta. Sonrió amarga y muy levemente. Perfecto, cuando llegue ya habrán entrado todos, no tendré que actuar ni sonreír ni hablar.
Llego apenas cinco minutos o diez después, había aminorado el paso. Efectivamente, apenas hay gente. Entro. No me dirijo a clase, voy a la cafetería.

Buen_osdías. Finjo una sonrisa y un bostezo. Hoy mi mala cara será por estar dormida.
La camarera me sonríe. No es raro que yo me salte la primera clase.

Cafésóloporfavor, digo con tono bajo, no importa, me ha oído. No hay nadie más salvo yo y un profesor que no me da clase a mí y por tanto le da igual.
Desenrollo uno de los periódicos que cogí en la estación. Malas noticias. Estadísticas varias. Muchas chorradas. Nada interesante. Me lo leo entero entre sorbo y sorbo de café caliente. Me sienta bien. Me ayuda a no pensar.

Cojo el siguiente. Otro café. Se va el profesor. Me quedo sola con la camarera. Veo como prepara bocatas para el recreo con el rabillo del ojo.
Pasa la hora para entrar en la siguiente clase. A los cinco minutos me suena el móvil. SMS de Elena. Me pregunta donde coño estoy. Hecho una media sonrisa. Le contesto:

stoy n l cafeteria, ns vmos aora n l recreo dnd siempre.


Sigo leyendo.
Miro el reloj de la pared. Diez min para el recreo. Tiro los periódicos de mala manera en mi mochila. Dejo dinero en la barra. Hago un gesto con la mano de despedida. Salgo del edificio.

Veo a Elena. Viene con el resto de mis compañeros de clase. Tengo la mochila al hombro, las manos en los bolsillos.

Buenas.
Buenas.
Elena me comprende.
¿A dónde vamos? me pregunta.
Le hago un leve gesto con la cabeza. No hace falta más.
Borja planea venirse con nosotras. Otro día no me importa. Hoy no. Le miro a los ojos. Se asusta. Se queda quieto. Ya no nos sigue.
No pregunta, me tiende un cigarrillo. Yo no fumo, pero hoy si. Y ella lo sabe. Me lo enciendo y le doy una calada profunda, siento como me llega a los pulmones.

¿Es hoy también un día de esos, verdad?
Sí, respondo.
Aun no me vas a decir qué es ¿cierto?
Sí.

Fumamos. Paseamos. Hace mucho frío. Estoy helada. Me gusta la sensación. Miro a ninguna parte.
No estoy preparada para hablarlo. No quiero contárselo. Duele.
Elena mira el reloj.

¿Vas a venir a clase?
No.
Es una clase importante y ya has faltado mucho.
No.
Como quieras.
Se va. Maldigo. La acompaño. Apaga el cigarrillo.
Dame un seg.
Vale, me dice. Entra.
Suspiro y entro.

Llego la ultima a clase y la profesora me mira con malas pulgas y me dice algo que no escucho. Tiro la mochila al lado de mi mesa. Me siento. Cojo mi carpeta. Un par de folios. Dejo que mi mano vaya sola.
Escucho lo que dice a la perfección y mi subconsciente lo procesa, pero yo no estoy ahí.
Me pregunta algo. Respondo a la perfección sin mirarla. Se mosquea. Se acerca. Ve mis borrajatos en la hoja. Me regaña por no coger apuntes y coge aliento para darme un sermón. La mando literalmente a la mierda, meto mi carpeta en la mochila despacio, mientras ella se ha recuperado del blando de la cara y despotrica. No la escucho. Me echo la mochila a la espalda. Me largo. Con el rabillo del ojo veo las caras de mis compañeros. Me detengo en la de Elena. Me mira preocupada y con ojos de reproche. Borja intenta entre nuestras miradas enterarse de qué va todo.

Me dirijo al baño. Tiro la mochila. Me lavo la cara. El agua esta helada. Me siento. Mierdas, ahora me vendría bien un pitillo.
Salgo a paso rápido del edificio, siento que me ahogo.

Ando. Llego al parque de la laguna. Me tiro en un banco. Cojo la carpeta. Retomo mis borrajatos.
Mierdas. No puedo evitar pensar. Me doy cuenta que estoy llorando.
Mi móvil suena. Maldigo. Un sms. Mi madre me recuerda lo que soy incapaz de olvidar, nuestra cita de hoy, y la hora y el lugar donde hemos quedado, donde siempre.
Le mando un sms: Oks. Alli stare.
Corto, borde y seco. No necesita ni se merece más.

Pasan siglos. Tengo las manos rojas del frío, supongo que igual las orejas y la nariz. Estoy helada. No me importa. Las lágrimas me recorren la cara, me la cortan con el frío.

Aparece Elena. sólo ha pasado algo más de una hora y es tiempo del segundo recreo. Ha sabido donde buscarme. Tampoco era muy difícil.
Me limpia la cara. Me regaña. Me intenta calentar las manos. No la escucho. No la contesto.

Me ofrece tabaco. Fumo. Me relaja. Le doy las gracias. Me mira muy preocupada.

No te preocupes. Sabes que se me pasa. Mañana ya estaré bien.
Ya (no la he convencido). ¿Tan horrible es?
Sí.
Y no me vas a decir qué es.
No.
¿A dónde vas?
Por ahí, con mi madre. A ver a alguien.
Pero es horrible.
Sí.
¿Y por qué vas?
Tengo que ir. No tengo elección. No quiero hablar de ello.

Me hace compañía. Está muy preocupada. Sigo dibujando. Me mira de vez en cuando.

Está bien, le digo.
Espera. Me mira.
Voy a ver a mi padre.
Y es horrible.
Es todo lo que me sacaras hoy. Y Sí.
Sonríe satisfecha. Cada vez me saca algo nuevo. Me da otro cigarro. Pero aun sigue preocupada.
Es la hora. Sé que no vas a venir.

Me deja el paquete de tabaco y el mechero y se va.









Notas:

* D.N.I.: Documento Nacional de Identidad, también llamado carné de identidad, o cédula de identidad, es un documento emitido por una autoridad administrativa competente para permitir la identificación personal de los ciudadanos.
Última edición por Sfng el 23 Mar 2010 01:17, editado 2 veces en total
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Roxas el 14 Mar 2010 04:02

Me encantó, y quedé muy intrigada.
Tienes una manera de escribir y relatar muy particular que no había leido antes en historias y me pareció muy interesante, me atrajo y me gusto mucho.

Estaré esperando por el siguiente capitulo. ^^

Saludos.
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Sfng el 14 Mar 2010 22:43

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Muchas gracias por tu comentario, me halaga y alegra mucho que te haya gustado.

Sobre el estilo... si... la verdad que es un poco especial jejeje... salieron los primeros párrafos de la historia de esta manera y decidí continuar con este tono el resto del relato, aunque en un principio solo esta programado para el inicio de la historia, me gusta el efecto que crea. Curiosamente es más fácil imaginarse de este modo la escena, a pesar de no describir apenas los escenarios.

Mmm no se como lo hago pero siempre me acabo alargando XD

Pronto la continuación, en uno o dos días la pondré, aunque ya esta escrita tengo que revisar el texto.

Saludos! y gracias de nuevo, nos leemos por el foro.
Última edición por Sfng el 21 Mar 2010 21:02, editado 1 vez en total
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Sfng el 16 Mar 2010 18:57

Capítulo Segundo

No deben de haber pasado más de diez minutos desde que se fue Elena, al menos eso creo.
La hoja donde estaba dibujando está casi llena de tinta. El paquete de tabaco sólo tenía dos cigarrillos y uno de ellos me lo estoy fumando. Mis manos vuelven a estar rojas del frío.

Es hora de emigrar de lugar.

Con la mochila al hombro y el cigarro en la boca llego al bar de la esquina. Me doy cuenta del frío que tenía cuando noto el calor del local. Los parroquianos se me quedan mirando por un instante. Viejos fumando. Un par de albañiles tomándose un descanso. Un grupo de estudiantes en la mesa del rincón. Alguien probando suerte en la tragaperras.

Me siento en la barra, el camarero me conoce, me mira con reproche, sabe que estoy en horas de clase, por supuesto, pero no es eso. Maldigo por dentro, tengo peor aspecto del que creía. Por fin se acerca. Le pido un café bien cargado. Cuento mentalmente, ¿el cuarto del día?
Decido ir a comprobar mi aspecto. Dejo la mochila en mi asiento, me dirijo al baño.
La cara aun roja por el frío. Labios y nariz cortados. Signos de haber llorado. Una leve sombra, ojeras. El pelo aplastado. No pinto bien. Decido mejorarlo.

Salgo al escenario, ya me he puesto la careta. Mi cara a recuperado el color, ya no parece que haya llorado, estoy bien peinada, una sonrisa enorme.
No puedo evitar hacer una mueca al comprobar que mi café se quedo frío, pero la corrijo inmediatamente. Recuerda, es un día normal. No pasa nada. Tu vida es normal. Eres Feliz. Todo va bien.
No te puedes permitirte el lujo de que nadie piense lo contrario.

Toca primer ensayo. Después de servir otra ronda a los ancianos, se vuelve a acercar mi camarero. Media sonrisa. Hace referencia a mis pellas*. Hablamos. Noticias del día normal. Cotilleos de estudiantes. Anécdotas del bar. Le sigo el juego, le sonrió.
Todo ha ido perfecto. Estoy preparada.
Meto la mano en el bolsillo en busca del billete que sé que tengo. El paquete vacío. Le pido que me dé cambio para tabaco al cobrarme. Me mira mal por segunda vez desde que entre. Sabe que soy menor. Menor. Maldigo en mi interior, odio recordar ese detalle.

Me da las vueltas. Saco tabaco. Cojo mi mochila. Me voy.

Ensayo general.
Estoy en la parada del bus. Aparecen en escena Elena, Borja y Elia. Van charlando.
Me han visto. Se callan. Veo la sorpresa en sus ojos, está claro que no me esperaban.
Sonrío. Todos se ponen en su sitio. Borja apoyado en el árbol. Elia Sentada en el suelo, apoyada en la pared. Elena de pie junto al stop del bus.

Hola!
Hola
Hola
Hola

Bueno chicos, contarme, ¿cómo ha ido la clase con Carlos? ¿Y con Amaya? ¿No me habré perdido algo?
Se miran nerviosos.
Les sonrió.
Elena empieza a contarme. Actúa muy bien.

Pronto Elia y Borja se unen a la obra. No ha pasado nada. Es un día normal. Después de las clases Elia y Borja esperan el bus para irse a casa, Elena y yo les hacemos compañía. Charlamos de los profesores y del día. No hacemos referencia a lo que ha pasado.

Llega su bus. Les despedimos. Se suben. Se van.

Andamos.
Me saco del bolsillo el paquete de tabaco nuevo y el mechero y se lo tiendo a Elena.
Me sonríe amargamente.

Ya basta.
¿De qué?
Me vuelve a mirar, severa.
Ya se me ha pasado. Sonrío levemente.
Esta vez se lo traga. Me devuelve la sonrisa.
Está bien, ya me contaras mañana.
Sonrío. Sabemos que no lo haré.

Me cuenta riendo como se ha quedado la profesora y mis compañeros al irme. Río con ella, tal vez ría de verdad.

Nos despedimos. Me abraza fuerte. Me pongo tensa. No la voy a demostrar que necesita ese abrazo. Adiós, la espeto a separarse.

Estoy en la estación de tren. He comprado mi billete y espero que llegue mi tren comiéndome una pequeña empanada que he comprado. Sentada, los pies encima de la mochila. Veo la gente pasar, ir y venir según anuncian los trenes.
Miro el panel, ya está mi tren. Me desperezo del asiento y bajo hasta el andén. Por el camino he tirado la mitad de mi empanada en la papelera.
Dejo la mochila en un asiento. Me repanchingo en el otro. Pongo los pies en el asiendo de enfrente. Yo sola ocupo cuatro plazas. Cara de pocos amigos, carpeta y folio nuevo. Nadie se me acerca, nadie protesta por mis asientos ocupados.
sólo el revisor. Mala cara. Respondo con una peor y el billete en la mano. Se va.

Voy a gusto, relajada, mirando el paisaje. La gente.
Dibujo. Especulo. Quien será esa mujer, quien ese hombre, ese par de estudiantes. Qué hacen. A donde van. Sus vidas. Su día normal.
Me gusta. Si pienso en ellos es fácil no pensar en mi cita. Me ayudan a actuar. Sonrío ante la palabra “cita” que se ha formado en mi mente, no es la palabra que se debería usar.
Ciudad. Parada. Gente sube, gente baja. Pitido, reanuda la marcha. Quien son, adonde irán.
Campo, arboles, a lo lejos una ciudad. Gente hablando. Parada. Gente sube y gente que se baja. Pitido, nos ponemos en marcha. Qué lee esa mujer. En que pensara ese chaval. Sonrío.

Han pasado algo más de dos horas y mi cómoda postura ha sido reemplazada por un dolor de culo, espalda y en especial del cuello; unas piernas dormidas. Varios folios dibujados. Anuncian la última parada. Recojo mis cosas. Suelto varios tacos mientras muevo mis piernas.
Me froto el cuello, bajo del tren sin prisas.

Entro en el centro comercial de la estación.
Ando. Busco con la mirada. Localizo a mi madre. Esta sentada en una mesita, tomando café, se nota por la mesa que acaba de comer. Lleva más o menos la misma ropa que siempre, pero se nota que se ha arreglado. Demasiado perfume, demasiado maquillaje.
A sus pies veo una bolsa de viaje a punto de reventar de lo llena que va.
Me siento enfrente de ella dejando mi mochila al lado de la bolsa.

Buenas
Buenas, ¿has comido?
Sí, miento pensando en la media empanada.
Ah.

Bueno… pues que hago… ¿pago y nos vamos a la parada? es un poco pronto.
Sí, mejor.

Saca de su bolso la cartera para pagar. También una carta. La reconozco al instante. Apenas durante una milésima de segundo se me descompone la cara, pero me recompongo antes de que se de cuenta.

Ah, toma, casi se me pasa. Me la da.
Gracias. La cojo y la guardo en la mochila apenas sin mirarla.

Bueno, ¿Qué tal el día?
Me pregunta al despiste mientras llama la atención del camarero. Le cuento brevemente lo que me dijeran Elia y Borja en la parada del bus. En ese tiempo ha llegado el camarero y la ha cobrado. Se da por satisfecha con mi respuesta.
Nos levantamos, cogemos la bolsa de viaje entre las dos, cada una de un asa, pesa más que si hubiese un muerto dentro. No hago ningún gesto, no me quejo.

Llegamos a la parada del bus. Hago un repaso mental de todo lo que he viajado hoy y todo el transporte que he usado. Mejor dejo de pensar.
Mi madre antes uso un eufemismo. No es sólo un poco pronto para el bus. Me siento ligeramente culpable por hacernos estar en la calle, aunque no hace tanto frío aquí, pero se me pasa rápido esa sensación.

Me voy.
Oks, ya sabes, estate a la hora.
Lo sé.

No me pregunta, sabe perfectamente a donde voy. Apenas he andado unos diez metros y llego a la entrada del enorme parque o a los jardines mejor dicho. Llevo la mochila al hombro. Me dirijo a sitio favorito. Esta en un lateral, cerca de la autopista, se oye perfectamente el ruido de los coches, pero los setos impiden verlos. Hay un camino escalonado. No pasa apenas gente. Ahora estoy sola. Me siento al borde de un escalón.

Abro con cuidado mi mochila. Saco la carta con mimo, como si se deshiciera al tocarla. El papel es amarillento y sucio, como si tuviese al menos cuarenta años. Sonrío, pocos saben a primera vista que no es viejo, sino reciclado. Mi nombre y mi dirección manuscritos. Doy la vuelta al sobre. Remitente y dirección falsos, pero sé perfectamente de quién es, es de mi Padre.

Rompo el sobre con cuidado. Saco la hoja doblada. El mismo tipo de papel que el sobre. Desprende un olor que nada tiene que ver con que sea reciclado y que no me es ajeno. No puedo evitar una mueca. Una sola hoja, las dos caras escritas. También manuscrita.
Empiezo a leer la carta despacio. Mala letra. Muchas faltas. Alguna parte me cuesta descifrarla.
No es diferente a las demás. No sé por qué esperaba algo distinto. No me lo creo.
La vuelvo a leer en silencio. Esta vez acabo antes, la leo con más soltura.
Pienso en ella. Y sobre todo en lo que no ha escrito.
No hace referencia a donde está. No me habla de sus sentimientos, salvo para dar algo de lastima. No me pregunta por mi madre, su esposa. No me pregunta por mi abuela, su madre. No me pregunta que tal estoy. No me pregunta por los estudios. No me pregunta por mis amigos. No me da consuelo. No hay palabras de aliento. No me da esperanza.
sólo un montón de teatro, alguna broma de mal gusto y muchas trivialidades.
Dos caras en las que no ha escrito nada.
Estoy llorando y me alegro de que no haya nadie cerca para oírme y que en todo caso el ruido de los coches amortigua el mío.
La leo varias veces más. Estoy segura de que se me ha tenido que escapar algo. Pero por más que leo no lo encuentro.
Dejo de leerla. Intento calmarme, pero me cuesta. Me ha desgarrado el pecho, de nuevo.
Ya sabía que iba a ser así. No me entiendo.
Me limpio la cara como puedo. Guardo la carta en el sobre de nuevo con mimo. Me quedo mirándola una vez más hasta que decido a métela en la mochila.
Aguardo unos minutos.

Salgo del parque, me reúno de nuevo con mi madre. Llevo de nuevo mi mascara puesta. No ha pasado nada, sólo he dado un paseo para hacer tiempo.

En la parada hay más gente como nosotras, grupos de dos personas o más con grandes bolsas de deporte o de viaje.
Al poco llega el autobús. Mi madre indica nuestro destino al conductor. “A donde usted sabe, a dentro” dos, por favor. Paga. El conductor me da los billetes, me mira con cara de lastima.
Nos sentamos. Me llega difuminado de nuevo ese olor. Intento ignorarlo.
Esperamos a que entren los demás pasajeros. Todos evitan mirarse mutuamente. Hay mucho silencio, no es normal. Arranca. Nos ponemos en marcha.
Mi madre llega el punto en que se ve forzada a hablar.
Me adelanto a su impulso. Saco los periódicos. Le tiendo uno. Me concentro en la lectura del otro como si fuese lo más importante del mundo, a pesar de haberlo leído varias veces ya.

Muchas paradas. Se sube más gente con algún tipo de macuto** en cada una de ellas. Sigue el silencio, a pesar de que va casi lleno.
Ya no hay más paradas. Nada a un lado y a otro de la carretera. Seguimos unos kilómetros. Por fin se desvía del camino principal y en cinco min llegamos a nuestro destino.
Apenas nos da tiempo de bajarnos, el autobús se ha ido.

Hemos llegado.




Notas:

*Pellas: (hacer pellas) loc. Hacer novillos, saltarse las clases, dejar uno de asistir a donde debe.
** Macuto: mochila, petate, bulto.
Última edición por Sfng el 23 Mar 2010 01:34, editado 1 vez en total
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Abby19 el 21 Mar 2010 20:26

Hola!!

Es original la manera en la que escribes y como a Roxas esta manera de escribir me atrae ^^ Espero la continuacion pronto

un besito0o :bye:
...Amar significa preocuparte más x la felicidad d la otra persona q x la tuya propia...
...Sin importar las decisiones dolorosas q tengas que asumir para lograrlo...


**0o.o0o.o0o.La Reina de la Intriga.o0o.o0o.o0**
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Roxas el 21 Mar 2010 21:32

Me gusto mucho este capitulo, aunque quedé muy intrigada, ya podemos irnos haciendo una idea más amplia de las situaciones. Y como dices, esa manera de relatar permite imaginarme y meterme muy bien en la historia, lo cual lo hace muy atrapamte.
Esperaré pasiente por el próximo capitulo. ^^

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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Sfng el 24 Mar 2010 20:57

Muchas gracias a los que os habéis tomado la molestia de leer mi historia, espero os guste el final.
Gracias a Roxas y a Abby por los comentarios me alegra muchisimo que os gustara, espero el final no decepcione...
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Aquí lo tenéis:


Capítulo Tercero

Estamos dentro del pequeño edificio de una sola planta que tan bien conozco. En la sala de espera.

Mi madre me da un leve codazo y me tiende la mano. Se lo que le tengo que dar.

Saco mi cartera, le entrego mi DNI.

Se dirige a la cola del mostrador. Aprovecho que está de espaldas a mí para doblarme y agarrarme el estomago. Ese olor, ese maldito olor. Me dan arcadas. Los hospitales tienen su propio olor. Este tipo de lugares también.

Me recupero como puedo e intento ignorarlo o acostumbrarme a él, aunque se que será en vano.

Meto mis manos en los bolsillos. Incluso dentro hace frío.

Miro, sospecho.

Apenas hay poco más de una veintena de personas. Algunos de ellos me suenan. Gente pobre, desaliñada, ropa que se ve, no es de su talla. Gente con cinturones de marca y pelo repeinado que no encaja. Extranjeros desorientados. Todos tienen la mirada ausente. Algunos fuman. Nadie habla.


Hay tres niños jugando, no hacen ruido. Es antinatural.

Uno de ellos pasa cerca de mí. Me mira a los ojos. Siento frío que me recorre la columna vertebral.

Mirada Oscura. Ausente. Vacía. Tremendamente profunda. Parece la de un viejo. Acabo de ver mi propia mirada. Me turba y me angustia profundamente.

El niño sigue su camino.


Mi madre ha llegado al mostrador, oigo lo que dice a pesar de no estar cerca. Un nombre. Entrega nuestros DNIs. No se los devuelven.

Me empiezo a sentir atrapada. Lo que representa es ese pedazo de papel plastificado. Lo que es que te priven de él.


¿Quieres algo de beber? Le pregunto a mi madre, de nuevo a mi lado.

No, pero toma. Me tiende un par de monedas.


Me acerco a las maquinas expendedoras. Echo las monedas. Una botella de agua. Meto la mano entre las rejas que la guardan, saco la botella. No puedo evitar sonreír ante lo apropiado de que esas rejas estén ahí. Muy significativo.


Ando. Un cartel nuevo ante las puertas de los servicios: "Por favor, NO defecar fuera de los inodoros". Me apoyo en la pared con disimulo. Recuerdo el por qué lo han tenido que poner. Mi mente no me ayuda. No puedo ignorar donde estoy. Me siento terriblemente débil. Bebo un sorbo de mi botella.


Sigo andando por la sala. Me vuelvo a leer los carteles que ya conozco: "Horarios de Autobuses" "Documentación para primeras visitas" "Lista de objetos prohibidos". No puedo evitar reírme por dentro ante algunos de esta última. Poco a poco he recuperado mi careta. Vuelvo junto con mi madre. Aun me siento débil.


Fuma aparentemente tranquila. No lo está.

Van llegando lentamente más personas. Se acercan al mostrador. Nombre. DNIs. Aguardan como nosotras, sentadas o de pies. El silencio abruma, como en un velatorio.

Bebo en tragos cortos. Tengo un nudo en la garganta que me lo impide de otro modo. Tiemblo levemente. Mi mascara se desvanece poco a poco ante esta realidad. Ya no me siento tan rebelde ni tan segura.



No llegan más personas. Parece que estamos todos.


Se abren las puertas a nuestra derecha. Aparece en escena un hombre. Un funcionario uniformado. Todos los presentes nos erguimos, nos incorporamos. Lleva un taco de DNIs. Nuestros DNIs.

Nombra a los dos primeros. Pasan por la puerta sin prisa. Esperamos. Dos nombres más. Pasan por la puerta. Esperamos.


Nombran a una mujer. Me nombran a mí. Mi madre me acerca la bolsa de deportes y me entrega su bolso. Paso por la puerta como puedo. Encorvada. Débil. Arrastrando la bolsa.


Apenas tengo fuerza para dejar la bolsa de viaje en la cinta del escaner.


Me adelanto a la zona de taquillas y abro una de ellas. Dejo dentro el bolso de mi madre. Mi mochila. Mi cartera. El Móvil. Las llaves. Cierro la taquilla y cojo la llave. Suspiro. “Objetos Prohibidos”


Regreso a la salita.

Dejo ante la atenta mirada escrutadora de una funcionaria la llave en la mesa. Mis anillos. Mi cinturón. Mis botas.

Paso por el detector de metales. No ha pitado nada, ya lo sabía. A pesar de ello, la funcionaria me cachea los bolsillos. Nada.

Me siento como uno de ellos. Como aquellos a quienes vamos a visitar.

Recojo mis cosas. Me ato los cordones. Cojo la bolsa de viaje del final de la cinta del escaner. Al parecer está todo bien.


Paso a una segunda sala de espera. Están todos los que han ido nombrando. Se nota el nerviosismo en el aire. Arrastro la bolsa a unos asientos y me siento yo.

A uno de los niños su padre le ata los cordones. Nadie se libra, pienso.


Espero a mi madre. Espero al resto.


La sala en la que estamos esperando no es diferente de la anterior. Suelo gris verdoso. Asientos de plástico blancos. Paredes blancas. Sucias. Con pintadas de boli o rayajos. Unos cuadros feísimos intentan dar algo de color, no lo consiguen.


El mismo silencio. Tengo frío.


Los pensamientos abruman mi mente, incapaces de negar mi realidad. Bloqueando mi mente. Mi mascara se ha ido por completo y me siento horriblemente pequeña. Indefensa.


Por fin estamos todos. Aguardamos.

Pasa a la sala el mismo funcionario que antes tenía nuestros DNIs. Una llave. Nos abre la puerta al fondo de la sala.
Cogemos nuestros macutos. Vamos saliendo. El funcionario cierra a la puerta tras nosotros, desde dentro.


La puerta del edificio da paso a un patio enorme guardado por la verja metálica perfectamente iluminada. Todos conocemos el camino. Empezamos a cruzarlo, como zombis en procesión, encorvados, desanimados, sin expresión aparente en la cara.


El frío invade mi débil cuerpo y el aire limpio me reconforta.

Recorremos el resto del patio en silencio, nos dirigimos en nuestra procesión al enorme complejo, la institución, como queráis llamarlo.


Entramos a una pequeña sala. Un par de funcionarios nos observaban detrás de un cristal. No miro arriba, pero noto como las cámaras me queman la coronilla.

La primera puerta se abre. Pasillo. Nos apelotonamos como podemos. Se cierra la puerta a nuestras espaldas. Sensación de ahogo que apenas puedo disimular. Se abre la puerta de delante. Pasamos. Se cierra a nuestras espaldas.


No hay marcha atrás. Me siento atrapada. Estoy atrapada.


Me recorre un escalofrió el cuerpo. Tengo frío.

Otro patio ante nosotros. Esta vez pequeño, flanqueado por edificios y altísimos muros. Su sombra se extiende de manera que impide que llegue luz solar.


Veo a algunos de ellos con utensilios de jardinería. Sucios. Evito mirarlos. Pero no puedo, al menos de reojo.


Otro escalofrió. Esta vez no es de frío. El horror se me ha medito en el cuerpo, el olor me hace sentir enferma, la falta de luz y color me va quitando la esperanza.


Entramos en el edificio de enfrente.

Dejo pesadamente la bolsa. Mi madre la abre, saca una pequeña tarjetita que ata al asa:

Un nombre.
Modulo diez.


Me empujan. Sé porque lo han hecho. Llamo a la puerta que tengo enfrente. Un funcionario abre apenas lo justo para recoger nuestra bolsa.

Me mira con recelo. No importa que me saque tres cabezas. No importa que el vaya armado. No importa que yo sea menor. No importa que no haya hecho nada. Yo también estoy aquí. Encerrada. Para él soy una de ellos. Ya no tengo libertad.


Poco a poco los demás también dejan sus bolsas.


Al poco de dejar nuestros bultos, sale un funcionario de la salita, lleva unas llaves y la mano en la porra, nos hace retroceder con la mirada y nos abre una puerta de rejas. Vuelve a la salita y oímos como cierra por dentro con llave.


La puerta da paso a unas escaleras que subimos rápido. Nos apelotonamos en el descansillo al final de esta. Una puerta de cristal brindado y rejas nos impide el paso.

Es complicado explicar el lugar. En frente hay otra puerta gemela y otra escalera gemela que también sube a la mínima estancia. A la derecha de esta una sala “de control” con un par de funcionarios, protegidos por más cristales y rejas. A la izquierda otra puerta de cristal y rejas (cómo no).

Los funcionarios nos abren desde la distancia de la sala de control la puerta, y me empujan a la salita. Nos cierran como a ratones en una jaula, y casi de seguido se abre la puerta a nuestra izquierda. Me arrastran de nuevo. Y cierran la puerta detrás de nosotros.


Estamos en un largo pasillo, da a muchas habitaciones en fila, todas iguales, la mitad de la “pared” al techo de estas y las puertas son un cristal.

Son salitas de estar con un par de sofás, uno enfrente del otro, una mesa baja en medio de ambos; una mesa alta con sillas y una papelera en la esquina conforman el mobiliario de cada una. Todo está limpio y todo está sucio y viejo a la vez. Como en una habitación de motel de carretera barato. Cada una tiene una pequeña ventana con rejas que apenas da luz. Hay doce salas si no conté mal.

La única salida es la puerta por donde hemos entrado. Al fondo del pasillo sólo hay unos baños de dudosa higiene e intimidad.

Me siento completamente atrapada, y lo estoy, el aire está muy viciado y el olor está que en su máximo exponente, me revuelve el estomago. La semipenumbra y las sombras que proyectan los focos del exterior sobre los barrotes de las ventanas dan un toque siniestro que me hace poner el cuerpo en tensión. El frío en el interior del edificio merma mis pocas barreras y sólo me sostengo en pie por pura tozudez.

Se masca la tensión en el aire y como se suele decir se podría cortar de lo espeso que esta el ambiente. Todos hemos ocupado una salita, por familias, y esperamos impacientes asomados a las puertas de estas a que se abra de nuevo la puerta de cristal enrejada por donde entramos.


Pasan los minutos.


El crujido de la puerta abriéndose nos devuelve al estado de alerta a todos. Por ella vienen uno a uno hombres, todos ellos de mirada gacha y ojos hundidos, postura encorvada, algunos portan pequeñas mochilas. Hombres tristes, hombres grises, parece que portan el peso del mundo o una nube de lluvia sobre ellos.

Buscan con mirada tímida a su familia, por un instante se les ilumina la cara.

Sigo a la espera, según van viniendo estoy más tensa, por fin, reconozco al sexto hombre. Se le iluminan los ojos (supongo que a mí también), le doy un fuerte abrazo cargado de emoción que casi nos tira a los dos al suelo, al que se une mi madre. El hombre me da un beso en la mejilla y entramos sin separarnos a la sala. Me limpio la mejilla sin que me vean.
Nos sentamos el hombre y yo en uno de los sofás destartalados, con los cojines llenos de jirones y quemaduras de cigarros. Mi madre en el de enfrente, de iguales condiciones.


Estamos en la cárcel. Durante las próximas dos horas somos unos presos más.


El hombre es mi padre. Esto es un vis à vis familiar.
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Roxas el 25 Mar 2010 17:47

Simplemente Excelente!!!
Me ah encantado esta historia, y el final es genial, la manera en la que relatas las emociones, situaciones hacen que uno se pueda imaginar y meter mucho en la historia, realmente genial.
Me ah gustado mucho, gracias por esta historia. ^^

:bye:
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Re: Un día que podría haber sido normal [Original]

Notapor Sfng el 26 Mar 2010 01:09

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Wow no sabia que iba a gustar tanto...

Coff Coff

Digo, gracias a ti de nuevo por leerme, se siente muy bien cuando gusta tu historia...

Espero dentro de poco volver con otra temática y otro estilo jejeje
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